El peso del comentario ajeno
La maternidad nos vuelve públicas. De repente, todo el mundo siente que tiene derecho a opinar.
¿Te has dado cuenta que desde que eres madre el mundo se cree con derecho, a opinar, a decirte qué deberías hacer, incluso sin que nadie le haya preguntado? Es una realidad que hoy en día existe y que no ayuda a que una madre viva su maternidad desde el amor, la calma y la seguridad.
Te vuelves visible cuando tienes un bebé, pero no para que te validen, no para que te pregunten cómo lo llevas, no para que te escuchen. Te vuelves visible para que te critiquen, para que opinen sin tenerte en cuenta y sin pensar en cómo te pueden afectar esas palabras.
¿Qué es realmente la maternidad?
Muchas veces la maternidad pesa más por todo lo que viene del exterior que por la experiencia en sí. Porque, al final, ¿qué es la maternidad? Es la experiencia de cuidar al 100% de un ser indefenso y completamente dependiente, al menos durante los tres primeros años de su vida. Es sostener, acompañar, responder, estar disponible física y emocionalmente de forma constante.
Y aun así, me surge preguntarte: ¿qué es para ti la maternidad?, ¿cómo te la imaginabas antes de ser madre? Formulo estas preguntas porque muchas veces la experiencia real no se parece a lo que imaginábamos, a lo que esperábamos o a lo que nos contaron. Y cuando lo vivido no encaja con lo esperado, aparece la frustración, el cansancio y un peso emocional difícil de sostener.
El ruido de las opiniones no solicitadas
¿Te esperabas recibir tantos comentarios ajenos?
¿Incluso de personas que no conoces de nada?
Es sorprendente cómo personas desconocidas se sienten con derecho a decirte si tu bebé va demasiado tapado o poco, si tiene hambre o no, si tiene sed, si llora “demasiado” o “muy poco”. Y la lista de comentarios inapropiados es larga.
¿Cuál es el peso real de estos comentarios?
Depende de quién vienen, depende del momento en el que estás, depende de si has dormido o no, depende de muchas cosas.
Y hay algo que sucede con frecuencia: muchas veces te colocas en el lugar de la persona que hace el comentario y te olvidas de ponerte en el tuyo propio. Justificas, minimizas, dudas. Y poco a poco, esas palabras van calando.
Las palabras no son inocentes
Es importante lo que le decimos a una madre, porque nuestras palabras pueden ser un bálsamo… o una herida.
Por eso es necesario parar antes de hablar y preguntarnos:
¿Lo que voy a decir alivia o pesa?
¿Valida o invalida?
¿Me han pedido mi opinión?
No todo lo que pensamos necesita ser dicho. Y mucho menos cuando hablamos con una madre que ya carga con suficiente responsabilidad, cansancio y exigencia.
El “manual de la opinión no solicitada”
Hay frases que están tan normalizadas que casi no las cuestionamos. Pero cuando las miramos desde un punto de vista psicológico, entendemos el impacto que pueden tener.
“Disfruta ahora, que el tiempo vuela”
Esta frase parece inofensiva, incluso bienintencionada. Pero muchas veces lo que hace es invalidar lo que la madre está sintiendo en ese momento.
Invalida su cansancio, sus emociones, sus preocupaciones.
¿Qué te hace pensar que ella no sabe que el tiempo vuela? Claro que lo sabe. Y puede ser precisamente eso lo que le genera más angustia.
Esta frase pesa tanto que puede hacerle dudar de si está disfrutando “lo suficiente”, de si se queja demasiado, de si es una “buena madre”.
Si una madre te dice que está cansada, créela. No la hagas dudar de lo que siente. No invalides su experiencia. Porque para ella, ahora mismo, los días pueden hacerse eternos… y las noches también.
“Mujer, no es para tanto, todas hemos pasado por esto”
¿Todas hemos pasado por lo mismo?
¿Todas hemos dormido igual de poco?
¿Todas hemos tenido el mismo apoyo, los mismos recursos, la misma red, la misma situación económica, la misma pareja, la misma salud mental?
Que tú hayas pasado por algo parecido no te da derecho a restarle importancia a lo que otra madre está viviendo. Tú tuviste tu momento. Esta es su experiencia. Y merece ser escuchada y respetada.
Si realmente “todas pasamos por lo mismo”, entonces acompáñame con empatía y compasión. No me minimices.
Palabras que sostienen
Las madres no necesitan más presión ni más exigencias. Necesitan palabras que sostengan, que abracen, que alivien. Necesitan sentir que no están solas y que lo están haciendo lo mejor que pueden con las herramientas que tienen en este momento de su vida.
Elegir palabras que cuidan es un acto de responsabilidad y de empatía. Porque acompañar no siempre es hablar, pero cuando hablamos, nuestras palabras pueden convertirse en refugio… o en carga.
A las madres hay que hablarles con cuidado. Porque ya cargan mucho. Recordarles que no tienen que hacerlo perfecto, solo hacerlo desde el amor. Que estar cansada no las hace menos madres, las hace humanas. Que dudar no es un fallo, es parte del camino.
Decirles que lo que sienten es válido, aunque no se parezca a lo que otros vivieron. Que pueden amar profundamente y, aún así, sentirse agotadas. Pedir ayuda no es rendirse, es cuidarse.
Acompañarlas sin juicios. Escucharlas sin corregir. Sostenerlas sin exigir.
Porque una madre no necesita más opiniones. Necesita presencia, respeto y palabras que abracen. Y si alguna vez no sabemos qué decir, quizá lo más amoroso sea quedarnos cerca, en silencio, recordándole que no está sola.
Las madres, hoy más que nunca, necesitan refugio.
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“Palabras que cuidan, palabras que pesan:
el arte de actualizar tus palabras para cuidar a las madres”
El peso del comentario ajeno
La maternidad nos vuelve públicas. De repente, todo el mundo siente que tiene derecho a opinar.
¿Te has dado cuenta que desde que eres madre el mundo se cree con derecho, a opinar, a decirte qué deberías hacer, incluso sin que nadie le haya preguntado? Es una realidad que hoy en día existe y que no ayuda a que una madre viva su maternidad desde el amor, la calma y la seguridad.
Te vuelves visible cuando tienes un bebé, pero no para que te validen, no para que te pregunten cómo lo llevas, no para que te escuchen. Te vuelves visible para que te critiquen, para que opinen sin tenerte en cuenta y sin pensar en cómo te pueden afectar esas palabras.
¿Qué es realmente la maternidad?
Muchas veces la maternidad pesa más por todo lo que viene del exterior que por la experiencia en sí. Porque, al final, ¿qué es la maternidad? Es la experiencia de cuidar al 100% de un ser indefenso y completamente dependiente, al menos durante los tres primeros años de su vida. Es sostener, acompañar, responder, estar disponible física y emocionalmente de forma constante.
Y aun así, me surge preguntarte: ¿qué es para ti la maternidad?, ¿cómo te la imaginabas antes de ser madre? Formulo estas preguntas porque muchas veces la experiencia real no se parece a lo que imaginábamos, a lo que esperábamos o a lo que nos contaron. Y cuando lo vivido no encaja con lo esperado, aparece la frustración, el cansancio y un peso emocional difícil de sostener.
El ruido de las opiniones no solicitadas
¿Te esperabas recibir tantos comentarios ajenos?
¿Incluso de personas que no conoces de nada?
Es sorprendente cómo personas desconocidas se sienten con derecho a decirte si tu bebé va demasiado tapado o poco, si tiene hambre o no, si tiene sed, si llora “demasiado” o “muy poco”. Y la lista de comentarios inapropiados es larga.
¿Cuál es el peso real de estos comentarios?
Depende de quién vienen, depende del momento en el que estás, depende de si has dormido o no, depende de muchas cosas.
Y hay algo que sucede con frecuencia: muchas veces te colocas en el lugar de la persona que hace el comentario y te olvidas de ponerte en el tuyo propio. Justificas, minimizas, dudas. Y poco a poco, esas palabras van calando.
Las palabras no son inocentes
Es importante lo que le decimos a una madre, porque nuestras palabras pueden ser un bálsamo… o una herida.
Por eso es necesario parar antes de hablar y preguntarnos:
¿Lo que voy a decir alivia o pesa?
¿Valida o invalida?
¿Me han pedido mi opinión?
No todo lo que pensamos necesita ser dicho. Y mucho menos cuando hablamos con una madre que ya carga con suficiente responsabilidad, cansancio y exigencia.
El “manual de la opinión no solicitada”
Hay frases que están tan normalizadas que casi no las cuestionamos. Pero cuando las miramos desde un punto de vista psicológico, entendemos el impacto que pueden tener.
“Disfruta ahora, que el tiempo vuela”
Esta frase parece inofensiva, incluso bienintencionada. Pero muchas veces lo que hace es invalidar lo que la madre está sintiendo en ese momento.
Invalida su cansancio, sus emociones, sus preocupaciones.
¿Qué te hace pensar que ella no sabe que el tiempo vuela? Claro que lo sabe. Y puede ser precisamente eso lo que le genera más angustia.
Esta frase pesa tanto que puede hacerle dudar de si está disfrutando “lo suficiente”, de si se queja demasiado, de si es una “buena madre”.
Si una madre te dice que está cansada, créela. No la hagas dudar de lo que siente. No invalides su experiencia. Porque para ella, ahora mismo, los días pueden hacerse eternos… y las noches también.
“Mujer, no es para tanto, todas hemos pasado por esto”
¿Todas hemos pasado por lo mismo?
¿Todas hemos dormido igual de poco?
¿Todas hemos tenido el mismo apoyo, los mismos recursos, la misma red, la misma situación económica, la misma pareja, la misma salud mental?
Que tú hayas pasado por algo parecido no te da derecho a restarle importancia a lo que otra madre está viviendo. Tú tuviste tu momento. Esta es su experiencia. Y merece ser escuchada y respetada.
Si realmente “todas pasamos por lo mismo”, entonces acompáñame con empatía y compasión. No me minimices.
Palabras que sostienen
Las madres no necesitan más presión ni más exigencias. Necesitan palabras que sostengan, que abracen, que alivien. Necesitan sentir que no están solas y que lo están haciendo lo mejor que pueden con las herramientas que tienen en este momento de su vida.
Elegir palabras que cuidan es un acto de responsabilidad y de empatía. Porque acompañar no siempre es hablar, pero cuando hablamos, nuestras palabras pueden convertirse en refugio… o en carga.
A las madres hay que hablarles con cuidado. Porque ya cargan mucho. Recordarles que no tienen que hacerlo perfecto, solo hacerlo desde el amor. Que estar cansada no las hace menos madres, las hace humanas. Que dudar no es un fallo, es parte del camino.
Decirles que lo que sienten es válido, aunque no se parezca a lo que otros vivieron. Que pueden amar profundamente y, aún así, sentirse agotadas. Pedir ayuda no es rendirse, es cuidarse.
Acompañarlas sin juicios. Escucharlas sin corregir. Sostenerlas sin exigir.
Porque una madre no necesita más opiniones. Necesita presencia, respeto y palabras que abracen. Y si alguna vez no sabemos qué decir, quizá lo más amoroso sea quedarnos cerca, en silencio, recordándole que no está sola.
Las madres, hoy más que nunca, necesitan refugio.
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