La vuelta a la rutina:

duelos pequeños que no siempre nombramos

 

 

Septiembre también mueve cosas por dentro

Septiembre tiene algo de comienzo.

Volvemos a los horarios, al colegio, a la escuela infantil, al trabajo, a las extraescolares, a las prisas de las mañanas y a esa sensación de que, de repente, todo vuelve a ponerse en marcha.

Y aunque muchas veces hablamos de septiembre como un mes de nuevos comienzos, para muchas madres también es un mes de transiciones, emociones encontradas y pequeños duelos.

Porque volver a la rutina no siempre significa simplemente volver.

A veces significa separarte unas horas de tu criatura después de haber pasado mucho tiempo juntas. Significa dejar atrás una etapa. Adaptarte a nuevos horarios. Acostumbrarte a una nueva persona que cuida de tu bebé. Ver cómo crece. Ver cómo empieza el colegio. Volver al trabajo. Recuperar algunas partes de tu vida y, al mismo tiempo, sentir que pierdes otras.

Y todo esto puede ocurrir mientras haces mochilas, preparas desayunos, buscas zapatillas y respondes a mensajes del colegio.

La vida sigue.

Pero por dentro, quizá, algo está cambiando.

 

Los pequeños duelos de la maternidad

Cuando hablamos de duelo pensamos normalmente en una pérdida grande, evidente, algo que termina de manera definitiva.

Pero en la maternidad existen muchos duelos cotidianos que no siempre reconocemos como tales.

Un bebé que deja de ser bebé.

Una lactancia que termina.

La primera vez que tu criatura duerme fuera de casa.

El primer día de escuela infantil.

El primer día de colegio.

La vuelta al trabajo.

Las vacaciones que terminan.

Una etapa que se cierra porque tu hijo o hija ya no necesita lo mismo que necesitaba hace unos meses.

Son pérdidas pequeñas en apariencia, pero emocionalmente pueden tener mucho peso.

Y aquí quiero detenerme en algo importante: sentir tristeza por una etapa que termina no significa que no quieras que tu criatura crezca.

Puedes estar orgullosa de verla crecer y, al mismo tiempo, echar de menos lo que está quedando atrás.

Puedes desear que empiece el colegio y llorar el día que cruza la puerta.

Puedes tener ganas de volver a trabajar y sentir culpa cuando te separas.

Puedes necesitar recuperar espacios para ti y, a la vez, sentir un vacío cuando los recuperas.

Las emociones no siempre son coherentes.

Y no tienen por qué serlo.

 

Cuando llega la separación

Hay madres que viven la vuelta a la rutina con alivio.

Y también hay madres que la viven con angustia.

Algunas sienten miedo por cómo estará su bebé.

Otras sienten culpa por dejarlo.

Otras sienten tristeza.

Otras sienten ilusión por recuperar su trabajo o sus espacios personales.

Y muchas sienten todo a la vez.

La separación puede activar muchas preguntas:

¿Estará bien sin mí?

¿Me echará de menos?

¿Y si llora y yo no estoy?

¿Y si se acostumbra a estar sin mí?

¿Estoy haciendo lo correcto?

Estas preguntas no significan necesariamente que estés tomando una mala decisión. Muchas veces son la expresión emocional de un vínculo que importa.

Separarse puede doler precisamente porque existe un vínculo profundo.

 

La culpa también aparece en septiembre

La culpa materna tiene una capacidad extraordinaria para aparecer en cualquier transición.

Si vuelves al trabajo, puedes sentir culpa.

Si decides quedarte en casa, puedes sentir culpa.

Si tu criatura empieza la escuela infantil, culpa.

Si te emociona tener unas horas para ti, culpa.

Si necesitas descansar cuando vuelve a casa, culpa.

Parece que hagamos lo que hagamos, siempre existe una voz interior preguntándonos si podríamos estar haciéndolo mejor.

Pero quizá necesitamos empezar a hacernos otra pregunta:

¿Y si no necesito hacerlo perfecto?

Las transiciones no necesitan ser perfectas. Necesitan ser acompañadas.

Por ti.

Por tu criatura.

Por las personas que forman parte de vuestra red.

 

También estás adaptándote tú

Cuando una criatura comienza una nueva etapa, solemos poner toda nuestra atención en su adaptación.

¿Cómo lo está llevando?

¿Llora?

¿Come?

¿Duerme?

¿Se relaciona?

¿Está contenta?

Pero hay una pregunta que hacemos mucho menos:

¿Cómo lo estás llevando tú?

Porque tú también necesitas adaptarte.

A un nuevo horario.

A una nueva organización.

A nuevas personas.

A nuevas responsabilidades.

A nuevas separaciones.

Y quizá incluso a una nueva versión de ti misma.

La adaptación no ocurre solamente en los niños. Las madres también necesitan tiempo para acostumbrarse a los cambios.

No tienes que sentir lo que se supone que deberías sentir

Quizá todo el mundo a tu alrededor está ilusionado con la vuelta al cole y tú estás triste.

Quizá otras madres hablan de lo maravilloso que es volver a trabajar y tú estás angustiada.

Quizá llevabas meses deseando recuperar tu rutina y ahora que ha llegado te sientes extraña.

No hay una emoción correcta.

No tienes que sentirte feliz porque empieza una nueva etapa.

Tampoco tienes que estar triste porque termina otra.

Puedes sentir alivio y tristeza.

Ilusión y miedo.

Libertad y culpa.

Orgullo y nostalgia.

Todo puede convivir.

La maternidad está llena de contradicciones, y aprender a convivir con ellas también es una forma de bienestar emocional.

Permítete despedirte

A veces queremos pasar rápidamente de una etapa a otra.

Como si mirar atrás significara no avanzar.

Pero despedirse también forma parte de avanzar.

Quizá este septiembre puedas regalarte unos minutos para recordar.

¿Cómo era tu criatura hace un año?

¿Qué ha cambiado?

¿Qué momentos vas a echar de menos?

¿Qué cosas has aprendido?

¿Qué has sostenido?

¿Qué etapa estás dejando atrás?

No tienes que hacer nada con esas respuestas.

Solo reconocerlas.

Porque cuando damos espacio a lo que termina, podemos abrirnos con más calma a lo que comienza.

🌿 Un pequeño ejercicio para esta transición

Te propongo un ejercicio sencillo.

Busca unos minutos para ti y divide una hoja en tres partes:

Lo que dejo atrás

Escribe una etapa, una rutina o un momento que estás despidiendo.

Lo que siento

Escribe todas las emociones que aparecen, incluso aquellas que te parecen contradictorias.

Lo que quiero llevar conmigo

Piensa qué quieres conservar de esta etapa: un recuerdo, una forma de relacionarte, un aprendizaje, un momento cotidiano.

No busques respuestas bonitas.

Busca respuestas honestas.

Y al terminar, pregúntate:

¿Qué necesito yo para atravesar esta transición con un poco más de cuidado?

Quizá necesitas hablar con alguien.

Quizá necesitas pedir ayuda.

Quizá necesitas descansar.

Quizá necesitas llorar.

Quizá simplemente necesitas que alguien te diga: es normal que esto te remueva.

Septiembre no solo es volver

Quizá septiembre no sea solamente el mes de volver a la rutina.

Quizá también sea un momento para mirar todo lo que ha cambiado.

Para reconocer que mientras tus hijos crecen, tú también estás atravesando tus propias transformaciones.

Y que cada nueva etapa trae consigo algo que empieza y algo que termina.

No tienes que vivir cada transición con una sonrisa.

Puedes echar de menos.

Puedes sentir miedo.

Puedes emocionarte.

Puedes necesitar tiempo.

Puedes estar preparada y no estarlo al mismo tiempo.

Porque crecer también implica despedirse.

Y quizá una de las formas más bonitas de acompañar la maternidad sea aprender a honrar cada etapa antes de correr hacia la siguiente.

Así que, mamá, si este septiembre algo dentro de ti se siente removido, no pienses que estás exagerando.

Tal vez simplemente estás despidiendo una pequeña parte de vuestra historia.

Y eso también merece ser sentido.

Servicios

Duelo y pérdida
Desarrollo personal
Terapias específicas
Terapia online

Contacto

info@psicologacristinageorgiana.com

Polígon Industrial Bescós,

Carrer de Sardenya, 5 - Reus